jueves 27 de marzo de 2008

Cuando no estamos ni de un lado ni del otro


No podía obviar un tema tan relevante para nuestro país como los enfrentamientos entre el gobierno nacional y el campo. Principalmente por cómo repercutió en nuestra sociedad, en los centenares de personas que salieron a las calles con sus cacerolas, rememorando viejas y dolorosas épocas.

Durante estos últimos días nos hemos empeñado en posicionarnos de un lado o del otro, como si debiéramos ser partícipes de tremendo conflicto. Es que lo contrario sería mantenernos ajenos a lo que pasa a nuestro alrededor, indiferentes a nuestro entorno, a la realidad.

Es que en este conflicto es difícil tomar partido. Por un lado, están los centenares de familias argentinas que viven gracias al campo, no sólo quienes poseen hectáreas a lo largo y ancho de nuestro país, sino aquellos vinculados de una u otra forma, e inclusive quienes han visualizado crecimientos económicos producto de la "inyección sojera".

Por el otro, están quienes consideran que las retenciones son cuestiones vinculadas a la redistribución de las divisas y creen que los daños aparejados a los trabajadores del campo son "necesarios" para asegurar cierto equilibrio en la comunidad. A lo largo de toda la historia, los más beneficiados debieron hacer ciertos sacrificios en favor de quienes fueron más perjudicados por la realidad económica.

Cierto es que a nadie le gusta que le metan la mano en el bolsillo y en eso es absolutamente entendible la bronca del sector. Cierto es también que la postura del gobierno, tan hermética, dura y poco abierta al diálogo, tampoco ayuda.

Ni hablar de la naturaleza de algunos de los sectores que apoyan a los K, como el grupo encabezado por D´Elía, que fomentan a "estar más a favor del campo" como he escuchado por ahí. Es que esa es una muestra de la barbarie que todavía habita en algunos cabezas argentinas.

En tanto, no creo que el campo esté "agonizando" como algunos sostienen por ahí. Es real que la situación actual del sector es sumamente ventajosa.

Lo que resulta sumamente importante en estos momentos son las posibles consecuencias, lo que la falta de diálogo y conciliación puede provocar en el interior de nuestra sociedad. Por eso, estés de un lado o del otro, impulsá y bregá por un acuerdo, porque sin lugar a dudas lo que está sucediendo nos perjudica y seguirá perjudicando a todos.

Notas relacionadas:

- Alientan una tregua para salir de la crisis (La Voz)

- El verdadero mensaje de las cacerolas (La Nación)

- El juego de los errores (Crítica)

- Preguntas a la señora (SosPeriodista)