Hace unos días conocí Ciudad Evita, uno de los barrio-ciudad construídos por el gobierno de De la Sota. Más allá de las condiciones en las que se encuentra el barrio y los vecinos que viven en él -como imaginarán lamentables- lo que más me fastidió es el "concepto" de este tipo de proyectos.
Cuestión ampliamente difundida es cierto, pero una vez en el lugar, dialogando con quienes viven esa realidad todos los días, se vuelve carne.
Parece mentira que la idea eje de este tipo de iniciativas sea absolutamente contraria a la de integración de estos sectores sociales. Construímos "su" comedor, "su" centro de salud", "su" escuela", como una forma de mantenerlos lejos, aislados.
En tanto, el gobierno seguirá asegurando que lo hace para "su" comodidad, para que los servicios estén a "su" alcance.
Y nosotros continuamos hablando de "ellos"; cuando en realidad son personas como nosotros, con más o menos suerte. Pero parece más simple mantenernos distantes, como si no fueran miembros de nuestra sociedad.
Es que una vez allí, uno visualiza que la realidad dista mucho de lo que se empeñan en hacer creer los discursos políticos.
Un claro ejemplo de ello es lo que está sucediendo con el centro de salud del barrio (y de muchos otros barrio-ciudad cordobeses). La falta de una verdadera política de salud desde la asunción del nuevo ministro, perjudica una vez más a quienes menos tienen.
Estos centros de salud, iniciativa promovida por el ex ministro Roberto Chuit años atrás, cuentan con equipos de profesionales de diversas áreas (nutricionistas, odontólogos, trabajadores sociales, entre otros) que asistieron durante años "a la cubana" a los vecinos. Es decir, no esperaban en los centros la llegada de los pacientes, sino que salían a las calles y acudían a sus casas para brindarles una atención que durante años les fue negada.
Pese a esto, parece que desde mañana estos vecinos no contarán ni siquiera con "su" centro de salud, al menos no el que ellos quieren y el que durante cuatro años había cubierto algunas de sus necesidades más elementales.
En política parece que todo consiste en un hacer y deshacer constante. Nada de lo que hicieron los funcionarios anteriores sirve y entonces empezamos nuevamente de cero.


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