De los 20 perros que actualmente están alojados en el Instituto Antirrábico de Córdoba, más de la mitad no deberían permanecer allí. Son 11 los caninos con período vencido que tendrían que ser retirados por sus dueños desde hace días o, incluso, meses. La semana pasada murieron tres perros, un pit-Bull, un shar pei y un dálmata. Los primeros dos tenían caducado el período de observación y además estaban judicializados, es decir, derivados por la Justicia por morder o atacar a alguna persona.
En lo que va del año, son 70 los perros que pasaron por el instituto. De los cuales cinco murieron, ninguno producto de la rabia, enfermedad que debe ser detectada por el instituto.
Los animales que son trasladados al antirrábico deberían estar por un máximo de 10 días en el lugar, período de observación durante el cual se realizan los análisis correspondientes para diagnosticar la ausencia o no de la enfermedad rábica.
Pese a esto, los perros continúan alojados en el lugar por más tiempo, generando infinitos inconvenientes. Por un lado, el predio cuenta sólo con 22 jaulas, de un metro por un metro, habilitadas para estos animales. Las restantes son más pequeñas y están destinadas a los gatos. Por lo tanto, no existe suficiente espacio físico para resguardar un mayor número de animales. Por otra parte, la función del instituto no es la recepción y alojamiento de los perros, sino la observación y control de rabia con el objeto de detectar posibles signos o síntomas característicos de esta enfermedad.
El traslado de estos animales al antirrábico es realizado por agentes policiales, la justicia o los propios dueños de los canes cuando existe una denuncia efectuada por quienes sufrieron un ataque por parte de la mascota.
Los tiempos de la justicia
Actualmente, otros tres perros judicializados ya tienen período vencido. “Generalmente la justicia le exige a los propietarios que los vengan a buscar”, señaló José, uno de los encargados del cuidado de los animales que desde hace más de 20 años trabaja en el instituto. A pesar de esto, uno de los animales hace más de dos meses que debería haber sido retirado.
“Cada fiscal tiene una modalidad diferente, y es habitual que se demore este proceso”, afirmó José. Los tiempos de la justicia son más lentos y existen numerosos factores que influyen en frenar más aún este proceso. “A veces los dueños de los perros deben hacer modificaciones en sus viviendas y los fiscales deben realizar inspecciones oculares, lo que demora aún más el retiro de los animales”, explicó el cuidador.
Condiciones deplorables
Desde el ingreso al amplio predio en donde se erige el descuidado edificio del antirrábico, se escuchan los continuos aullidos y lamentos de los animales. “Las condiciones edilicias del antirrábico son deplorables”, enfatizó la proteccionista Silvia Sastre.
En efecto, al entrar a la zona de jaulas el olor a orín es impresionante y los ladridos de los perros se vuelven ensordecedores. Algunos tiemblan o permanecen inmóviles y en silencio.
En total, son alrededor de 40 jaulas, una al lado de la otra, de las cuales sólo 20 pueden ser utilizadas por los perros que llegan diariamente al lugar, debido a que, por lo general, son de grandes tamaños y no entran en las demás. En la parte posterior de las jaulas, un pequeño respiradero de no más de cinco centímetros de diámetro sirve de ventilación hacia el exterior.
Todas la mañanas, los encargados del cuidado de estos animales deben higienizar los cubículos. Con una manguera de agua fría limpian el piso de cemento. Mientras tanto, los perros permanecen dentro de las jaulas, por lo que se mojan y padecen el frío del agua. Al fondo de la habitación iluminada por tubos fluorescentes, una pequeña estufa intenta mantener el calor del ambiente.
La mayoría de los perros que llegan al antirrábico comparten ciertas características. Precisamente, las razas más frecuentes son los mestizos, el pastor alemán, el rotwailer y el dogo. El encierro, la falta de luz solar, los problemas dermatológicos, los hongos en las patas producto de la limpieza con agua de las jaulas, son algunos de los factores que alteran a los animales e incluso los llevan a la muerte.
Con relación al personal que trabaja en el lugar, los miembros del equipo son un total de 13. Cuentan con un sólo veterinario, el cual justamente se ha ido un mes de vacaciones y no tiene ningún reemplazante. En este momento, el instituto no tiene veterinario, cuenta sólo con la labor de los cuidadores y una técnica encargada de los análisis de laboratorio.
Según los comentarios de los empleados, meses atrás algunos de los canes eran enviados a la protectora Sarmiento, donde permanecían en el refugio hasta su adopción. Hoy esto no sucede y los perros permanecen en el lugar hasta que son retirados por sus dueños, o en su defecto, hasta la muerte. “No podemos darle los perro a particulares, porque son potencialmente peligrosos y no podemos correr riesgos”, explicó el cuidador.
Posibles soluciones
“En un país medianamente avanzado lo ideal es la castración”, afirmó José. El problema, es que para que esto sea posible debe existir una verdadera planificación a largo plazo. Se calcula que son más de 300 mil los perros que existen actualmente en la ciudad de Córdoba, es decir, alrededor de un perro cada cuatro personas.
Precisamente, distintas asociaciones protectoras de animales, entre ellas: Sí a la Vida de Animales Recuperados (Salvar), Club de bicheros, Mi cucha y The Canadian voice for animales; han impulsado un plan de castración de perros y gatos que cuenta con el apoyo del Municipio. En tanto, el plan recién ha comenzado a ejecutarse en estos días en diferentes barrios de la ciudad.


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